A todo Alfa se le supone un Cuore Sportivo, de manera que al Giulia no le vale solo con parecerlo: también ha de serlo. A juzgar por lo que hemos visto en la primera parte de la prueba, el primer punto lo cumple sobradamente, pero nos falta por dilucidar el segundo y más importante. ¿Habrá conseguido Alfa imprimir en el Giulia el carácter dinámico que se espera de él o se quedará, como tan a menudo ocurre últimamente, en otra buena jugada de marketing?
Las preciosas y retorcidas carreteras secundarias asturianas se encargarán de sacar al Giulia de su zona de confort y dirimir hasta que punto el Giulia es el coche que los entusiastas esperamos. Tras las breves explicaciones de Jorge, comercial en el que se atisba verdadero gusto por el automovilismo, me quedo solo con el coche. Se trata de la versión 2.2 diésel, así que me pongo el chaleco anti prejuicios -que cada día pesa más- y aprieto el botón redondo del volante que pone en marcha el motor.