PRUEBA: OPEL VECTRA 2.2 DTI (parte 2)



Habíamos dejado a medias un “paseo” en un Opel Vectra y ya va siendo hora de retomarlo. Como es costumbre estuvimos echándole un ojo por fuera y por dentro, con sensaciones contrapuestas. Exteriormente sigue pareciendo un coche con una imagen alegre y poco anticuada  -hay que recordar que es un coche de cierta edad-  y por dentro hay unos acabados en la línea de sus rivales de la época, buenos ajustes y mucho espacio, aunque personalmente, no sé si por el diseño o por la poca vistosidad de los materiales, no encuentro el habitáculo especialmente atractivo.

Pasemos al apartado dinámico, sin duda el más entretenido. Os adelantaré algo: es un coche hecho para viajar.

 Motor y prestaciones

El motor 2.2 turbodiésel que monta este Vectra puede ser, visto desde la óptica del conductor tranquilo y de mediana edad  -el público al que está dirigido este coche-  , muy satisfactorio. Las razones son varias: en primer lugar, y aunque en frío no lo parezca, es silencioso. Ya se deba a un buen aislamiento o al motor en sí, el silencio de marcha es destacable.

El segundo motivo es su funcionamiento, suave y también cómodo en el sentido de que tiene un andar progresivo, sin “patada” en algún rango de revoluciones. No recuerdo vibraciones ostensibles durante la conducción, lo cual habla a favor de su agrado de uso.



Desconozco hasta qué punto se muestran resolutivos los 125 CV de este motor en otros modelos, pero en este Vectra no lo son demasiado, probablemente debido su peso  -parece un mal endémico de Opel-  que se acerca a los 1.600 kg, cuando la media del segmento estaba en unos “mil cuatrocientos y algo”. De ahí que en prestaciones no destaque especialmente. Al contrario de lo que se suele cecir últimamente, no afirmaré que es un motor insuficiente porque en ningún caso me lo ha parecido. No todo el mundo quiere o necesita acelerar de 0 a 100 km/h en menos de 11 segundos, que es lo que tarda este Vectra.

Al motor va asociada un cambio automático de convertidor de par, cinco relaciones y dos modos de actuación: uno completamente automático y otro manual secuencial. Me sorprendió gratamente por su suavidad de funcionamiento y su adecuada rapidez  -sin alcanzar la de un cambio de doble embrague-  . No hizo "extraños" en ningún momento ni dio tirones saliendo de parado o en maniobras de aparcamiento, aunque tampoco me ví envuelto en alguna situación comprometida tipo aparcar en cuesta o salir pisando grava, pero por cómo se portó en todo el día, creo que hubiese dado igual. Me gustó bastante, la verdad.

No encontré natural el modo secuencial, en el cual para subir marcha hay que mover la palanca hacia arriba y para reducir hacia atrás, cuando a mi parecer debería ser justamente al revés. Como curiosidad, dispone de un modo “invierno” en el que emplea siempre la marcha más larga posible y suaviza al máximo los cambios para mantener una buena motricidad.

Su consumo en ciclo NEDC es de 6,5 litros por cada cien kilómetros, una cifra relativamente realista. Con una conducción despreocupada considerando de todo un poco  -carretera nacional, autovía y ciudad-  el Vectra no debería devolver un consumo de más de 8 litros, y a nada que seamos cautelosos con el acelerador o conduzcamos en situaciones favorables, acercarse al consumo homologado me parece muy posible.

Al volante del Vectra

Las condiciones en las que conduje este Opel  no me permitieron sacar todas las conclusiones que hubiera querido, me faltó llevarlo por algún puerto de montaña o carretera revirada que es donde, a mi parecer, se conoce más y mejor un coche.

En cualquier caso, no me cabe duda de que llevé el Vectra por el que realmente es su elemento: las carreteras amplias en las que se va a un ritmo más o menos constante. Esto es así porque su principal virtud es el confort de marcha que ofrece. Los pasajeros van notablemente aislados tanto del ruido como del asfalto, merced a una suspensión más bien blanda en general, aunque se nota cierta firmeza al menos en los primeros estadios de la amortiguación  -cuando el conjunto muelle/amortiguador se está comprimiendo-  . El Passat que ya probamos aquí tiene una puesta a punto bastante más firme, pero seguramente menos cómoda en muchas situaciones.



A pesar de esta comodidad, la suspensión no es perfecta, porque permite a la carrocería tener unos movimientos verticales a mi juicio demasiado acusados  -pudiera ser que se deba en parte a unos amortiguadores gastados- que te dejan algo intranquilo al pasar por juntas de dilatación o cambios de asfalto muy marcados si no estás acostumbrado. En circunstancias normales no supone un problema, quizá en una conducción exigente sí que se eche en falta una mayor firmeza, así como una dirección más comunicativa. Esto último en una berlina de este corte tampoco resulta algo crucial.

Como no podía ser de otra manera, el equipo de frenos es bueno en un uso normal, no tuve ocasión de ponerlos a realmente a prueba salvo alguna frenada intensa por culpa de algún peatón despreocupado. En esas circunstancias, he de decir que el Vectra se detiene con firmeza suficiente.

Una berlina de éxito

Para todo aquel que buscase una berlina sin tintes deportivos, optar por el Vectra era una fácil y acertada decisión, más si consideramos lo competitivo de su precio. El modelo con el acabado más básico y este mismo motor diésel de 125 CV estaba disponible desde solo 21.200 €, sin incluir descuentos. Un precio muy ajustado para un berlina bien equipada, cómoda, con unas prestaciones razonables  -aunque no destacables-  y una imagen agradable. Un buen trabajo de Opel, sólo así se explican las más de cinco millones y medio de unidades vendidas.



PD: Mí agradecimiento a Ana, perfecta anfitriona durante el viaje y muy paciente conmigo durante toda la prueba

PD2: Disculpad las fotos, nada de esto estaba previsto y no contaba ni con una buena cámara ni con tiempo para hacer fotos medianamente decentes...


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