PRUEBA RETRO: FIAT TIPO 1.6 DGT



Me hubiera gustado mucho, pero no pudo ser. Aunque duró sus buenos catorce años, no fue suficiente. Mi primer coche familiar, un Fiat Tipo 1.6 DGT, murió con las botas puestas por una inoportuna avería mecánica que me impidió conducirlo y disfrutarlo como de pequeño imaginaba que haría cuando ya fuese "un niño grande". Esta es su historia y su prueba* a título póstumo.

El Tipo  -cuya versión sedán se conoció como Tempra-  fue, en muchos sentidos, un gran coche. Nacido en 1988, llegó para sustituir al vetusto Ritmo y plantar cara al Golf de la época. Su diseño fresco y atrevido al parecer no convenció del todo al principio: el morro afilado y aerodinámico, sus formas cuadradas y ese portón trasero tan particular  -por lo vertical que era-  resultaron chocantes frente al diseño conservador reinante. De eso se benefició después cuando, con el paso de los años, mientras sus rivales envejecían, él se mantenía fresco. Fue coche del año en Europa en el ´89, galardón que reconocía el buen trabajo hecho por la Fabrica Italiana de Automóviles de Turín.

Fue todo un éxito en Brasil, donde superó en ventas al hasta entonces imbatido Volkswagen Gol. Se dejó de producir en Turquía en 1997

Un interior fantástico

Como todos por aquel entonces, el salpicadero era todo una pieza de plástico duro, no creo que hubiese demasiado que diferenciar entre unos y otros aparte de la ergonomía o el diseño. En esto último, el Tipo DGT era el rey indiscutible no solo por su desenfado sino por ese absolutamente brillante panel de instrumentos digital lleno de luces fosforitas verdes, rojas, amarillas… 



Aún sigo sin encontrar un coche cuyo tablero me sorprenda tanto como el de este Fiat. Tenía incluso un indicador que cambiaba entre economy y power según las revoluciones del motor, así que, de alguna manera, el Tipo ya tenía una suerte de “indicador de cambio de marcha” como el que empiezan a incorporar los coches ahora, sólo que más rudimentario y con 25 años de adelanto.

Siempre pensé que el Tipo era un coche cómodo, al menos los asientos de atrás me lo parecían. Su mullido era blando y su agradable tela tenía un diseño de pequeños cuadraditos con relieve. El habitáculo era muy amplio, un coche notable en este aspecto, el maletero en cambio era algo más justo, por por aquel entonces todas las familias viajaban perfectamente en un compacto como este sin, oh sorpresa, recurrir a un SUV o a un mastodóntico monovolumen.

Con la familia en una de los primeros viajes al pueblo con el Fiat

El equipamiento se consideraba bueno en su momento, tenía cierre centralizado, elevalunas eléctricos delanteros, dirección asistida, volante regulable en altura y numerosos indicadores como testigo de freno de mano o de desgaste de freno. Como opciones estaba el aire acondicionado, los cinturones de seguridad traseros, los reposacabezas de dichas plazas  -ahora me explico las cifras de fallecidos en accidentes durante los ’80 y `90-  o la regulación en altura del asiento.

Recuerdo especialmente su pintura blanca. Por supuesto no era un blanco metalizado sino sólido. Supongo que con los años las pinturas han mejorado, porque si ahora un coche es suave y muy pulido, el Tipo era casi áspero, con ese tacto que da grima cuando se rasca con las uñas.

Un motor... normal y corriente

Bajo el capó de mi Tipo se ocultaba un sencillo propulsor de 1.6 litros atmosférico de carburación  -Weber de doble cuerpo-  que rendía la nada despreciable cifra de 83 CV de potencia. Como era demasiado pequeño para prestar atención, no hablo por experiencia personal sino por la información que he reunido de viejas revistas.


No era un motor prestacional, pero sí suficiente. Según los ingenieros de Fiat, se quiso hacer hincapié en las prestaciones en la gama baja de revoluciones y en la economía de uso más que en la potencia bruta. Y en buena parte lo consiguieron, pues pese a unos desarrollos más bien largos el Tipo recuperaba con soltura y era difícil pasar de 10 litros/100km. 

Concretamente Fiat declara un consumo de 5,4 litros a 90 km/h, de 7,2 a 120 km/h y 8,4 a 140 km/h. En ciudad, a 30 km/h de promedio, se bebía 8,7 litros. Ya véis que los consumos de entonces no estaban tan lejos de los actuales  -y se presentaban de una forma mucho más clara y menos engañosa-  aunque en materia de contaminación... echaban unos humos que ni los barcos mercantes. En concreto los diésel eran como para echar a correr.


Volviendo al tema prestacional, el Fiat necesitaba 13 segundos para alcanzar hacer el sprint estándar y su velocidad máxima era de unos 175 km/h gracias a su aerodinámica figura, de las mejores de la categoría. Sí, os parecerán cifras ridículas y más sabiendo que en la actualidad cualquier compacto por modesto que sea alcanza los cien por hora desde parado en 10 segundos como máximo y alcanzan o rozan los 200 km/h, pero es que eran otros tiempos.

Comportamiento agradable

Los probadores de la época destacaron particularmente el gran comportamiento del Tipo, calificándolo de estable y cómodo. De la misma manera se alabó su neutralidad en curvas pese a la disposición del motor, distanciándose de otros coches con idéntica configuración que manifestaban claramente su tendencia a subvirar. De hecho, al entrar rápido en una curva el eje trasero mostraba una ligera tendencia a descolgarse, permitiendo redondear mejor las curvas.



El balanceo era más bien contenido aunque no inexistente, quien quisiera comportamiento deportivo tenía el Alfa 33. La dirección no era la más directa del mundo, pero sí asistida, que ya era mucho. En cuanto a la capacidad de frenado, esta mostraba síntomas de fatiga con cierta facilidad, defecto que achacaron a unos embellecedores  muy aerodinámicos pero poco amigos de la refrigeración. Pese a ello, el tándem discos delanteros/tambores traseros permitía detener los 970 kg de coche en distancias parejas a las de sus rivales.

Y todo esto, ¿por cuánto salía? Pues por 1.590.000 pesetas, algo más de 9.000 euros. La versión más asequible costaba en torno a 1.300.000 y la más cara 1.950.000, cifra que correspondía a la versión turbodiésel.

¡Menudo Tipo!

Dicen que Fiat diseñó este compacto con la mirada puesta en el Golf y al parecer consiguieron superarlo en algunos aspectos como habitabilidad, comodidad o economía de uso. Lo cierto es que fue un buen compacto, probablemente de los mejores de su categoría.



Mi coche en particular tenía algún vicio, por supuesto. El más incómodo era su cierre centralizado, que en invierno mi padre tenía que anular porque se volvía un poco loco. Tampoco le gustaba mucho la suspensión trasera, que le parecía más blanda de lo deseable y un poco dada a moverse, lo cual coincidiría en parte con lo descrito más arriba y que he leído en varios medios.

La fama de Fiat  -seguramente falsa, como la mayoría de estigmas de esa clase-  de producir coches poco fiables desde luego no se la ganó con el Tipo que teníamos en casa, que en sus casi 15 años y 240.000 kilómetros solo tuvo dos averías de cierta relevancia  -la centralita y la correa- , el resto fueron elementos de desgaste. Ni siquiera su inverosímil cuadro de mandos hubo de ser reparado nunca, con tanta lucecita y aparente complejidad.

La segunda avería fué la última: rotura de la correa de distribución y muerte instantánea del motor. El fallo exacto que provocó no lo llegamos a conocer, pero se podía adivinar que alguna válvula se había doblado. La reparación sería por un coste mayor que el del propio vehículo, carecía de sentido arreglar un coche tan "mayor". De todos modos, aún fue capaz de llevar un día a mi padre al trabajo  -por el ruido, yo diría que funcionando en tres cilindros-  hasta que, volviendo a casa, el maltrecho propulsor dijo basta definitivamente.

El único recuerdo “físico” que tengo de él es una libreta de cortesía negra que siempre guardaba en la guantera y que llené de dibujos de coches, lástima no haberme quedado con alguna insignia o la matrícula. Quizá algún día, quién sabe, pueda hacerme con un Tipo y realizarle una prueba como Dios manda. Sería un bonito reencuentro.


Me gustaba mucho subirme a "mi coche". A veces, literalmente.


*Como ya se ha explicado, la prueba no ha sido realizada por mí, está basada en la diversa documentación que he ido acumulando, en las experiencias que su propietario me ha ido contando y en mis escasos recuerdos.

6 comentarios :

  1. Yo también tuve este coche, de color gris metalizado. Me duró 6 años, hastá que aumenté família y necesité un coche con más maletero. Guardo buen recuerdo de mi TIPO 1.6 DT.

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  2. jo me subido en este coche, el padre de unos amigos mios lo tenia i era exactamente igualito al tuyo, Blanco, ese coche era una maquina de coche i jo con el padre de mis amigos mis amigos i la madre, haviamos ido a muchos sitios con el i la verdad esque me encantava ese coche, de hecho jo quería comprarme uno asi si me sacava el carnet, pero al final no ha podido ser porque ese coche tiene muchissimos años i aun se ve alguno por la calle, el del padre de mis amigos duro 15 o 16 años mas o menos

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    1. Era un coche vistoso tanto exterior como interiormente, creo que muchos coincidiremos en esto. Mecánicamente la mayoría eran motores sencillos, por lo que eran bastante fiables, no así la electrónica, que era propensa a dar algún problema...

      Lo cierto es que tanto para ti como para mí, me temo que es un coche más para recordar con cariño que para poseer, aunque confieso que me encantaría encontrarme algún dia con una versión 2.0 16v y tener dinero para comprarla y devolverla a sus mejores días...

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  3. Yo tengo en la actualidad uno idéntico al tuyo matrícula B-LG en blanco que en la actualidad tiene 49.950 KM reales y va como la seda. Lo heredé de mi padre y en la actualidad recorre las carreteras de Tenerife siendo la envidia de los operarios de la ITV. Saludos

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  4. yo tuve un 1.6 dgt blanco , era muy comodo y espacioso, era un puntazo viajar de noche con ese cuadro digital.

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    1. Lo cierto es que era un salpicadero, cuando menos, sorprendente!

      Un saludo!

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