ALFOMBRILLAS, LAS OLVIDADAS


Las alfombrillas son una de esas cosas de las que solo nos acordamos cuando nos plantean problemas pero que ignoramos casi por completo el resto de la vida útil del coche, sin darnos cuenta de que, como tantos otros elementos de desgaste, se van deteriorando. Y aunque no seamos capaces de apreciarlo, envejecen considerablemente el aspecto interior del coche.

La primera toma de contacto con este simpático elemento que protege el coche de la mayor parte de la suciedad que llevamos en los pies  -sobre todo en mi caso, que piso todo lo pisable-  suele comenzar peleándonos con el concesionario para que nos las regalen y no tengamos que pagar como por ellas como equipamiento extra. Afortunadamente esto ya ocurre menos, pero sigue sucediendo: en un Skoda Fabia en sus versiones básicas son un extra de 40 euros. Una alfombrilla reversible para el maletero de un Peugeot 208, son 35 euros.

PRUEBA ALFA ROMEO GIULIA: BENDITO REGRESO (parte 1)


Nunca un regreso fue tan esperado. Dar a luz al Giulia ha sido uno de los retos más importantes a los que se ha enfrentado Alfa en mucho, mucho tiempo. No sólo por lo que tenía que demostrar a su público, sino por lo que tenía que demostrarse a sí misma. Aunque doliese, había que hacer borrón y cuenta nueva. Reinventarse, pero sin perder las señas de identidad que han llevado a la marca del Biscione a hacer algunos de los coches más relevantes de la historia automovilística.

La respuesta, como tantas otras veces, era volver a sus orígenes y engendrar una berlina de motor longitudinal y tracción trasera, con unas cualidades dinámicas de primerísimo nivel, una presentación interior notable y una versión tope de gama V6 biturbo de 510 CV que hace 7:32 en Nurburgring. Qué grato es darse cuenta de que el 4C no fue una locura transitoria, sino el aperitivo de la Alfa que se avecina y que tiene un objetivo claro: meterse hasta la cocina del trío alemán y recuperar el lugar que por derecho le corresponde.

PRUEBA: HONDA HR-V 2001 (parte 2)


Salvo por la altura y por la emoción de estar ante uno de mis coches fetiche desde pequeño, subirse a un HR-V es como subirse a cualquier turismo de la época. Es la sensación de dominio lo que te escama, debido principalmente a la sensación de dominio que te proporciona su gran visibilidad.

Me pongo cómodo dentro de lo posible  -las posibilidades de regulación son bastante limitadas, aunque la postura en sí es buena-  y salgo a ajustar viejas cuentas pendientes con este Honda tan especial por una carreteritas que, si dijera secundarias, me estaría quedando muy corto...

PRUEBA: HONDA HR-V 2001 (parte 1)


Estas, con toda probabilidad, ante el primer crossover que viste, si obviamos la primera generación del RAV-4, que aún tenía un considerable aspecto de todo terreno clásico, y el extrañísimo AMC Eagle americano. El original, el verdadero precursor de ese concepto que hoy arrasa en los concesionarios para alegría de muchos  -el usuario genérico-  y desgracia de unos pocos  -el aficionado clásico-  y que se materializa en forma de Qasqhai, Kadjar, Sportage, CX-5, Tiguan o Ateca.

Este pionero, al que se le denominó HR-V y que nada tiene que ver con el que se vende actualmente, resultó de mezclar características de modelos muy dispares: tiene 3 puertas como un coupé, carrocería alargada como si de un pequeño Volvo familiar se tratase, altura al suelo elevada y tracción total al estilo un todo terreno y la longitud y anchura de un Golf de la época. En palabras de Honda, el coche total. ¿Lo era?

MÁS PRESTACIONES POR POCO DINERO: NEUMÁTICOS Y LLANTAS



Ganar potencia y mejorar el comportamiento del coche sin dejarnos un riñón es el sueño de cualquier aficionado. Un sueño que, respondiendo a la pregunta con la que comenzamos, es factible... a medias. Depende de varios factores, algunos obvios como cuánto considere uno que es poco dinero o lo manitas que seamos y otros no tan evidentes como lo que esperemos del coche o el uso que le pretendamos dar  -nunca es fácil posicionarse en este sentido antes de "acometer la obra"-  o el tipo de coche que tengamos.

Lo que hay que tener claro antes de empezar es que no existen los milagros: ningún filtro de aire te va a dar 15 CV, ningún colín de escape te hará ganar 10 km/h de punta y no vas a convertir el Lexus LS 400 de tu padre en el arma definitiva para los puertos de montaña.